Uff que día, mañana llegará Agustina, todavía no decidimos el 2º nombre, seguiremos la regla, minutos antes de irnos al pabellón lo decidiremos. Debemos organizarnos, pues los mas pequeños deben ir a clases, es su último día, el jueves santo tienen libre y estarán compartiendo con nosotros en la clínica.
Amanece en Talagante, el sonido de los Queltehues, nos despierta como cada mañana y un tibio sol se asoma por la ventana, los niños presurosos corren para despedirse y besar a mamá y Agustina, es nuestra rutina hasta hoy, mañana Agustina estará con nosotros fuera de mamá.
Los pequeños también se entusiasman con los regalos que la hermana puede traer, es una mañana intensa, nerviosa, mientras miro mi huerto y sueño con mi pequeña jugando con las lechugas, los tomates y toda esa muestra de trabajo familiar. Los árboles están todavía entregando su esencia, el membrillo orgulloso muestra sus frutos, me recuerda mis días de colegio y como disfrutábamos un membrillo golpeado en la muralla y con un poco de sal.
Es un día emocionante, al llegar nos acomodamos y con nerviosismo miramos el reloj, justo al mediodía nos vendrán a buscar para conducirnos al pabellón. Carreras van y vienen algún llamado de un amigo preguntando si ha nacido, no todavía. Antes de irnos a pabellón le digo a mi señora, se llamará Agustina Rosario, lindo nombre me dice, nuestra hija adora a su amiga Rosario, y yo en silencio recuerdo a la “chayo” la hermana de mi mejor amigo, Ramón, fallecido algunos años por estos días.
Mediodía, el camillero nos llega a buscar y con una tranquilidad aparente caminamos hasta el pabellón, a mi me conducen hasta el vestidor de padres, mientras a mi señora la preparan para la cesárea. Hola le digo a un joven padre, parece ser un rockero lleno de tatuajes, y adornos ad-hoc (mas tarde me enteraré que es el vocalista de un grupo rock conocido en MTV).
Ya vestido de “doctor”, las puertas se abren y la señora de uno de mis mejores amigos está frente al ascensor, me mira, la reconozco y corro a saludarla, solo atino a darle un beso y decirle que en 10 minutos llega nuestra hija, rápidamente me despido, y...
...llego el momento, mi corazón palpita a mil, me despido de mi fugaz amigo, buena suerte, mi cámara de video es tomada por una asistente del parto, ahí esta mi mujer, con sus hermosos ojos esperando que la cobije, la beso en su frente le doy calma y se inicia el parto, me paro frente a los pies de mi señora, veo el reloj del pabellón son las 12:27, es 8 de abril ha nacido Agustina Rosario, llora e increíblemente me alegra escucharla, la pediatra se hace cargo y cunde el nerviosismo de mi parte por verla y tenerla entre mis brazos, ¿cuánto pesará? era mi principal preocupación, ya que tres semanas antes no sobrepasaba el kilo y medio, la asistente me dice que me acerque, la veo, miro sus ojitos, veo su fragilidad y aprecio que es distinta, en ese instante me informan que Agustina Rosario tiene Síndrome de Down. No entiendo nada, no puede ser, debe ser un error. Me parece que me cambiaron a mi bebe, que esto es una pesadilla, miro a mi esposa, y .. ¿que hago?, ¿porqué a nosotros?, ¿cómo lo tomará mi señora?, ¿pero están seguros?, y miles de miles de preguntas. Yo mientras solo quería correr con mi mujer y mi hija lejos de dicho lugar, pero no era posible. Ahí estaba con Agustina Rosario en los brazos, sentía su calor, recordaba a mi primer hijo, eran iguales, no lloraba, tenia un calor especial, tímidamente abría sus ojos, no sabia que hacer, la pediatra ya le informaba en la mesa del quirófano a mi esposa la situación de Agustina Rosario, me acerco con nuestra hija para que sienta a su madre y no me despegare de ella hasta que nos envían a la habitación.
Una vez que me dejan solo corro a los brazos de mi suegra y lloro como un niño, me consuela, como si fuese mi madre, quien mejor que ella para darme consuelo.
Las emociones se agolpan en mi cabeza, primero llegan mis hijos mayores y lloramos juntos, era necesario, no estábamos preparados, mi amigo rockero se encuentra conmigo, me abraza y cuando comparto la noticia llora conmigo el recibía a su 2º hijo varón, Dante, un bebe hermoso en perfectas condiciones.
Donde voy, que hago, solo pude llamar mi amigo Cristian, es el esposo de la señora del ascensor que minutos antes había saludado, no me puedo contener y lloro desconsoladamente, sería la última vez que lloraría de esa forma.
Que alegría me doy vuelta y ahí están frente a mi Cristian y Rodrigo mis queridos amigos, junto a mis hijos y Calu la polola del mayor nos vamos a compartir un café.
Me doy cuenta que no estoy solo que tengo amigos que me quieren de verdad y que Agustina Rosario solo con su llegada provoca estas emociones.